Tu perro no tiene la culpa: ¿porqué tenemos que vivir esquivando lo que otros no levantan?

Cuidar a la mascota parece una obligación, pero recoger lo que deja en la vereda, una opción. Qué dicen las normas, qué riesgos hay para la salud y por qué el cuidado individual termina donde empieza el espacio público.
Caminar por cualquier vereda de la ciudad implica un ejercicio de atención permanente: mirar el celular, sí, pero sobre todo mirar el piso. Esquivar lo que dejó el perro de otro se volvió parte de la rutina, como esperar el colectivo.
No es solamente una cuestión de higiene. Es una pregunta sobre responsabilidad: ¿por qué algunas personas consideran que cuidar a su mascota es una obligación privada, pero recoger lo que deja en la vereda es opcional?
Un país de perros
La Argentina es uno de los países con más mascotas por habitante de la región. Según un relevamiento de la consultora Youniversal de este año, en el país hay más de 32 millones de animales de compañía, y cerca de 16 millones son perros. Ocho de cada diez argentinos conviven con al menos uno, y nueve de cada diez los consideran parte de la familia.
En la Ciudad de Buenos Aires, la población canina creció un 15% en la última década y ya supera a la cantidad de chicos de hasta 14 años.
Con tantos perros, la cuenta es simple. Investigadores de la UBA y el Conicet estimaron que en las calles porteñas quedan varias decenas de toneladas de desechos caninos por día, una cifra que crece año a año.
Quién levanta y quién no
Ese mismo equipo, encabezado por la bióloga Diana Rubel (UBA) y el investigador Aníbal Carbajo (Conicet), hizo uno de los estudios más completos sobre el tema. Observaron casi 3.000 perros en 67 esquinas de la ciudad y contaron más de 8.000 desechos en 242 veredas.
Los resultados dicen mucho. Solo el 33% de los dueños llevaba una bolsa para levantar, contra el 47% de los paseadores profesionales. Todos los paseadores usaban correa; entre los dueños, casi uno de cada cinco paseaba al perro suelto. Y las mujeres levantaban los desechos con bastante más frecuencia que los varones.
También descubrieron dónde se acumula el problema: el 63% de los desechos estaba en las cazuelas de los árboles, y las veredas rotas o con más árboles eran las más afectadas. En cambio, frente a los comercios había menos. Donde alguien mira, el dueño levanta.
No es solo un mal olor
Los desechos de perro pueden transmitir parásitos a las personas. Uno de los más estudiados es el Toxocara canis, cuyos huevos quedan en la tierra de plazas y veredas. Los análisis de sangre muestran que buena parte de la población estuvo expuesta alguna vez, y los más afectados son los chicos, que juegan en el piso y en los areneros. En los casos más graves, la infección puede provocar problemas en la vista.
Por eso los especialistas insisten en que levantar no es una cuestión estética sino de salud pública.
Qué dicen las normas
En la Ciudad de Buenos Aires, no recoger los desechos del perro es una contravención. En septiembre de 2025, la Legislatura porteña endureció las sanciones: la multa, que al momento de aprobarse iba de unos 110.000 a casi 800.000 pesos, es la misma que corresponde por pasear al perro sin correa o sin chapa identificatoria.
La mayoría de los municipios del país tiene ordenanzas parecidas. El problema es otro: para multar hay que agarrar al infractor en el momento, y casi nunca hay un inspector mirando. En 2021 incluso se presentó un proyecto para aplicar fotomultas a los dueños que no levantan.
Lo que probaron en otras ciudades
El problema es mundial, y algunas soluciones fueron bastante creativas.
- Brunete, España. En 2013, voluntarios del municipio identificaban a los dueños que no levantaban, buscaban su dirección y les devolvían los desechos en una caja por correo, como “objeto perdido”. Las quejas bajaron de forma notable.
- ADN canino. Varias ciudades españolas, como Málaga, exigen registrar el ADN de los perros. Si encuentran un desecho en la calle, lo analizan, identifican al animal y le mandan la multa al dueño.
- Nuevo Taipéi, Taiwán. En 2011, la ciudad organizó un sorteo con lingotes de oro: cada bolsa de desechos entregada a las autoridades era una chance para ganar.
- París. Durante años, la ciudad tuvo motos especiales, las motocrottes, que recorrían las calles aspirando desechos. Las terminaron dando de baja por su alto costo, y la ciudad apostó a las multas: el problema no se resolvía limpiando, sino cambiando hábitos.
El que limpia y el que esquiva
Del otro lado están los barrenderos y los trabajadores de limpieza, que todos los días levantan lo que otros dejaron. Y los peatones, en especial las personas mayores, los chicos y quienes usan silla de ruedas o bastón, para los que esquivar no siempre es una opción.
Tu perro no tiene la culpa. Hace lo que tiene que hacer donde lo llevan. La pregunta de fondo es por qué el cuidado que le dedicamos a nuestra mascota adentro de casa se termina justo donde empieza el espacio que compartimos con todos los demás.










