
Árboles que desaparecen y no se reponen, veredas cubiertas de cemento y barrios cada vez más calurosos. Qué está pasando con el arbolado urbano y qué podemos hacer los vecinos para recuperarlo
Cualquiera que camine por el conurbano en enero conoce la diferencia. En una cuadra arbolada se puede ir tranquilo, frenar un momento y respirar. En la de al lado, el sol pega directo sobre el cemento y uno busca desesperado una marquesina, un toldo o cualquier rincón que dé un poco de sombra.
Parece un detalle, pero cambia la forma en que vivimos la ciudad. Los árboles de la vereda no son decoración: dan sombra, bajan la temperatura, retienen parte del agua de lluvia y mejoran el aire. Y en distintas zonas del AMBA, entre obras, veredas nuevas, ejemplares enfermos y falta de reposición, cada vez hay menos.
Hasta 23 grados de diferencia
El impacto se puede medir. Una investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA analizó imágenes satelitales de los veranos de 2015 a 2020 en la Ciudad de Buenos Aires. El 3 de febrero de 2020, al mediodía, la temperatura de la superficie marcaba 19 grados en las zonas más verdes del norte porteño y 42 en las más cementadas del sur: 23 grados de diferencia dentro de la misma
ciudad.
El estudio encontró además que los barrios con más hogares con necesidades básicas insatisfechas eran los que tenían menos vegetación y más calor. La sombra, en otras palabras, tampoco está repartida de forma pareja.
Es lo que los especialistas llaman isla de calor urbana: el cemento, el asfalto y
los techos absorben el calor durante el día y lo liberan de noche, mientras que
los árboles hacen exactamente lo contrario.
Cuántos árboles hay
La Ciudad de Buenos Aires tiene censados más de 432.000 árboles, de los cuales unos 370.000 están en las veredas. La especie más común, por lejos, es el fresno americano: más de un tercio de los árboles de las calles porteñas son fresnos. Les siguen el plátano, el ficus, el tilo, el paraíso y el jacarandá.
En los municipios del conurbano el panorama es mucho más dispar, y en muchos casos no hay datos públicos actualizados. Saber cuántos árboles tiene cada barrio, cuántos se perdieron y cuántos se repusieron es el primer paso para entender qué está pasando.
La regla del 3-30-300
En 2021, el especialista en bosques urbanos Cecil Konijnendijk propuso una regla sencilla que hoy usan ciudades de todo el mundo para medirse:
- 3: desde cada casa se deberían ver al menos tres árboles.
- 30: cada barrio debería tener al menos un 30% de su superficie cubierta por copas de árboles.
- 300: nadie debería vivir a más de 300 metros de un parque o una plaza.
Es un buen ejercicio para hacer en casa: asomarse a la ventana y contar.
Qué pasó con los árboles de nuestras calles
Para responder no alcanza con contar los que faltan. Hay que entender qué les pasó. Algunos se retiran por razones sanitarias o de seguridad. Otros se pierden por obras, cambios de vereda, ampliaciones de garajes o cableados. Y después está lo que pasa con el hueco: si se repone, con qué especie, cuánto tarda en crecer y quién lo cuida.
La poda es otro capítulo. Una poda bien hecha puede ser necesaria para la salud del árbol y la seguridad de los vecinos, pero las podas excesivas, las que dejan el tronco pelado, lo debilitan y a veces lo terminan matando. En la Ciudad, por ejemplo, la Ley 3263 de arbolado público establece que la poda y la extracción de árboles de la vereda están a cargo del Estado y requieren autorización.
Y hay un dato que suele quedar afuera de la discusión: plantar un árbol no es lo mismo que recuperar la sombra de uno adulto. Un ejemplar nuevo necesita años de crecimiento y cuidados para tener una copa que proteja a quienes caminan debajo. Por eso no alcanza con contar cuántos árboles se plantan por año. Importa cuántos sobreviven, cuánto crecen y dónde se ponen.
No cualquier árbol sirve para cualquier vereda
Recuperar el verde necesita planificación pública, conocimiento técnico y participación de los vecinos. Hay que tener en cuenta el ancho de la vereda, las raíces, los cables, las cañerías, la accesibilidad para quienes caminan y el tamaño que va a tener el árbol cuando crezca.
Plantar sin criterio puede terminar levantando la vereda, chocando con el cableado o con un árbol que no sobrevive al primer verano. La buena intención necesita ir de la mano de la técnica.
Una cuadra, más sombra
Desde BAAM queremos abrir una conversación que no termine en una queja. Por eso lanzamos Una cuadra, más sombra, una iniciativa para identificar las calles del AMBA que necesitan más arbolado y trabajar junto a los vecinos para recuperarlo.
La idea arranca simple: elegir una cuadra, contar cuántos árboles tiene, marcar dónde faltan y consultar qué se puede plantar. Después, sumar a vecinos, comercios, escuelas, clubes y organizaciones del barrio. Y trabajar con los municipios y con especialistas para que cada plantación sea adecuada, autorizada y tenga seguimiento.
Porque una plantación no termina cuando el árbol toca la tierra. Ahí empieza.
La sombra que hoy disfrutamos en muchas calles fue, alguna vez, un árbol
chico que alguien plantó y cuidó durante años
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¿En qué calle de tu barrio falta sombra? Queremos conocerla.
- Mandanos la ubicación de una calle donde falten árboles.
- Compartí una foto del lugar y contanos qué pasa.
- Anotate si te gustaría participar de una futura jornada de plantación y cuidado.
Plantar un árbol es importante. Lograr que crezca y nos dé sombra durante décadas lo es todavía más.
¿Qué calle de tu barrio necesita un árbol? Escribinos.










